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Ensayo

El Jardín de las Sombras

Esta última categoría de seres, los dioses, es una que se acostumbra tanto al vacío que lo atraviesan caminando, nadando en él y riendo en él…ríen. La sabiduría compartida a través de este sitio web fue recogida por alguien que habitó ese lugar durante muchos años, extrayendo tanta información como pudo hasta alcanzar la cúspide de la sabiduría, encontrando inevitablemente la piedra filosofal, la fuente de todas las cosas, la ÚNICA verdad. La sabiduría de alguien que pasó de mortal a héroe…a dios. Bienvenido al Jardín de las Sombras, valiente deidad. Espero que tu estancia sea placentera…

En la mitología griega antigua se hablaba de un espacio sagrado que pertenecía a Hera, un enorme jardín que se extendía a lo largo y ancho hacia la vasta infinidad del más allá. Las plantas y los árboles de su interior eran custodiados por las Hespérides, espíritus femeninos que recorrían la tierra con sosiego, maravillándose ante los dones divinos que culminaban en la perfección de las manzanas doradas. Estas manzanas eran tan codiciadas que a un monstruo descomunal se le encomendó su protección, el dragón de cien cabezas, Ladón. Permaneció inalcanzable para los mortales durante eras, protegido y cuidado por deidades que perfeccionaron sus roles como protectores y nutridores…hasta aquel día.

Al héroe, Heracles, se le encomendó robar las manzanas doradas de Hera directamente del dragón de cien cabezas, Ladón. Heracles, que solía depender de su fuerza descomunal, decidió que esta labor requería un enfoque distinto. Como hijo de Zeus, el omnisciente, ejerció su derecho a la guíanza divina y comprendió que un dios/diosa tenía mejores posibilidades de recuperar las manzanas que alguien que nunca había recorrido el jardín. Necesitaba a alguien que conociera las entradas secretas y las trampas, infinitas como la boca del vacío mismo. Los dioses estaban todos bajo el mando de Zeus, así que decidió elegir a Atlas, el titán, para que lo ayudara en su undécimo trabajo. Le prometió liberarlo de su castigo de cargar el globo entero sobre sus hombros si iba a recuperar las manzanas doradas en su lugar. Atlas aceptó con la condición de que matara a Ladón, lo cual, en todos los relatos, es el papel del héroe: derrotar al monstruo que custodia el tesoro. Heracles tensó su arco y abatió al dragón, y luego procedió a sostener el globo mientras Atlas iba a cumplir su parte del trato.

A medida que pasaba el tiempo, Heracles empezó a creer que Atlas lo había engañado. Los demonios del más allá comenzaron a aferrarse a él, Fobos y Deimos, el miedo, el pánico y el terror. No cedió, y logró apartarlos con su poder mental, justo a tiempo para ver a Atlas acercándose en el horizonte. Atlas, recuperada ya su libertad, decidió que quería permanecer libre entonces rompió su promesa.

Un simple mortal se habría enfurecido, volviéndose irracional y sellando su destino… pero un héroe no…los héroes no pierden la compostura.

Heracles dijo con calma, “Sostén el planeta una última vez para que pueda acomodarme antes de comprometerme con esta tarea para toda la eternidad." Atlas le concedió esta última petición y, al intercambiar los papeles, Heracles tomó el saco de manzanas y se despidió de Atlas, emprendiendo el regreso al mundo mortal con su tesoro bien merecido.

Este relato es mucho más complejo de lo que parece a simple vista. El jardín es una metáfora de la mente inconsciente, donde habita lo inmaterial, ángeles y demonios, maldiciones y tesoros, medicinas y males, todo está ahí para ser tomado. Hera, la diosa sublime, es a la vez madre y anciana, dispuesta a otorgar dones a quienes comprenden la belleza del lado oscuro. Los mortales temen a esta energía aparentemente malvada, que los consume si se atreven a entrar sin estar preparados. Los héroes son distintos, pues avanzan y se abren paso luchando hasta el tesoro, arrebatándolo de las manos de sus guardianes y llevándolo de vuelta al mundo mortal.

Pero hay otro tipo…

Estos seres comprenden la belleza del YinYang, la incorporación perfecta y sin fisuras del bien y del mal como resultados neutros. La verdadera naturaleza de la madre diosa como la encarnación más hermosa de la paleta artística del universo. Caminan por el jardín sin inmutarse, tomando las manzanas como si ya fueran suyas (porque lo son). Antes fueron héroes que lucharon por todo en la vida hasta el día en que se armaron de sabiduría a través de pruebas. Se ríen de los héroes que se acobardan en casa cuando se les presenta la oportunidad de volver al vacío, y se desconciertan ante quienes rechazan el llamado. No entienden sus palabras cuando dicen, “Es demasiado difícil volver,” o “Tengo miedo de otro roce con la muerte.” Esta otra categoría de héroes ya no tiene miedo. Están dispuestos a volver por sus hermanos aún no evolucionados. Afrontan los peligros una y otra vez trayendo incontables tesoros, y se vuelven reyes. Si vuelven suficientes veces, evolucionan a un estado superior del ser…la divinidad.

Esta última categoría de seres, los dioses, es una que se acostumbra tanto al vacío que lo atraviesan caminando, nadando en él y riendo en él…ríen. La sabiduría compartida a través de este sitio web fue recogida por alguien que habitó ese lugar durante muchos años, extrayendo tanta información como pudo hasta alcanzar la cúspide de la sabiduría, encontrando inevitablemente la piedra filosofal, la fuente de todas las cosas, la ÚNICA verdad. La sabiduría de alguien que pasó de mortal a héroe…a dios.

Bienvenido al Jardín de las Sombras, valiente deidad. Espero que tu estancia sea placentera…