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Ensayo

La Más Fina de las Líneas

El aislamiento ocurre para que las personas que son dignas encuentren espacio para encajar en tu nueva vida. Si no respondes con firmeza, tendrás moscas e insectos en tu parabrisas mientras intentas navegar tu éxito. Quítalos y sube a tu auto a pasajeros que de verdad hagan su parte. Créeme, tu vida será mucho mejor por ello. Verás, la más fina de las líneas es la que...

“¡¿Te crees mejor que nosotros?! Eso siempre termina en fracaso. ¡Es imposible para ti! Vive la vida que hemos vivido, es más segura.”

¿Alguna vez has oído estas exclamaciones de la gente a tu alrededor? Te puedo decir que yo sí.

La única diferencia es que yo respondí así, “Soy mejor que ustedes porque elegí serlo. Es imposible para ustedes, pero no para mí, porque sé quién soy y qué quiero. Ya sé que si vivo su vida, me mataré antes de los treinta. El fracaso les ocurre a quienes no saben lo que hacen.”

Ignoré sus lamentos patéticos y sus recomendaciones mezquinas, me mantuve firme en mis convicciones, y ahora vivo la vida de mis sueños y estoy en paz y feliz.

Es asombroso.

Pero este texto no va a adentrarse en eso, va a hablar del fenómeno que ocurre después.

“No te olvides de nosotros. Mantente humilde. Siempre estaremos aquí para ti. Siempre supe que lo tenías dentro.”

(La misma gente, por cierto.)

¿Alguna vez has oído estas antes? Si no, está bien, es solo la siguiente etapa. Algunas personas que alcanzan el éxito fracasan en esta fase, así que te diré lo que yo respondí.

“No puedo olvidarlos si están a mi lado; vengan y caminen conmigo, elevense a mi altura. La humildad excesiva es lo que me mantenía ahí, así que no, gracias; viviré mi vida como me plazca. Nunca estuvieron ahí cuando no tenía nada, así que no estarán ahí si no tengo nada en el futuro. No, ustedes no reconocerían un diamante aunque les cayera en la cabeza; nunca creyeron en mí, creyeron en mis resultados.”

El maestro supremo, la vida misma, me demostró que tenía razón. Al principio la gente se quejaba diciendo que era demasiado duro con ellos y resulte aislado...pero te contaré un pequeño secreto.

El aislamiento ocurre para que las personas que son dignas de tí encuentren espacio para encajar en tu nueva vida.

Si no respondes con firmeza, tendrás moscas e insectos en tu parabrisas mientras intentas navegar tu éxito. Quitalos y sube a tu auto pasajeros que levanten su propio peso. Créeme, tu vida reflejara mejoría en este aspecto.

Verás, la más fina de las líneas es la que cruzas cuando tu mundo externo por fin toma la imagen de quien sabes que eres. Es tan delgada que quizá no te des cuenta de que la has cruzado, así que sigues actuando como si aún no hubieras llegado. Como escribí en mi libro, “El alma lo sabe, el cuerpo evoluciona, y la mente es siempre la última en darse cuenta de que ya se ha convertido.”

Ya estás ahí, así que actúa de esa manera.

Ahora compartiré una pequeña historia, alterada para ajustarse al propósito de nuestra lección.

Hay un mito de una niña nativa que fue invitada a jugar con un puercoespín. El puercoespín la condujo a través del bosque y luego terminó trepando un alto pino que se alzaba hacia el cielo. La niña lo siguió, pero fue detenida por sus parientes, que la llamaban de vuelta a tierra. La niña los ignoró y eligió seguir al puercoespín. Los de abajo siguieron apelando a su sentido del miedo, a los peligros de subir tan alto, pero la niña los ignoró. Trepó tan alto que alcanzó el cielo. En cierto punto, los aldeanos no podían distinguir a la niña de las estrellas, y sus gritos alarmistas se convirtieron en proclamas de divinidad. La niña había ascendido y se había vuelto una con los cielos, y el puercoespín, que en realidad era un dios, la había tomado como su esposa divina. Los aldeanos hicieron lo que hacen los mortales. En lugar de trepar junto a ella, se excusaron diciendo que ella era la elegida, divina desde el principio, especial. La niña seguía mirando hacia abajo y guiándolos, con la esperanza de que un día reconocieran su propia divinidad y se unieran con ella en las estrellas.

La niña seguía siendo la misma. Solo que actuó sobre su potencial. Era aldeana y diosa al mismo tiempo. Así que la moraleja de la historia es…

Aprende a transitar por la más fina de las líneas.